La buena calidad de las camas en algunos hoteles

¿Preparando ya la escapada para esta Semana Santa? Son muchas las personas que están deseando que llegue para hacer ese parón que tan bien le viene a su nivel de estrés y a su ansiedad. Antes de las vacaciones de verano es la mejor forma de hacer unas minis vacaciones y poder desconectar de lo que nos pone nerviosos nos cansa y hasta hace que estemos de mal humor, y aunque la mayoría descansa poco porque va en busca de procesiones que ver, hay un porcentaje que prefiere buscar un hotel en el que descansar y pasar unos días agradables. El problema viene cuando no sabemos muy bien que hotel coger, llega cuando estamos dudando ya que ante todo queremos descansar y no tenemos muy claro cual nos va a proporcionar la calidad en las camas que estamos buscando, es verdad que hay quien no se la juega y va al mismo en todas las ocasiones en las que decide salir, pero el hecho de ver otros lugares también les agrada y para ello intentan buscar hoteles que por lo menos den la talla.

Todos sabemos que hoteles hay un montón pero que de verdad sean buenos y merezcan la pena solo unos pocos, quienes hemos viajado y conocido cientos de hoteles sabemos que solo son unos pocos los que cuidan perfectamente de los detalles, los que piensan que el descanso de sus clientes es lo más importante, y los que hacen todo lo posible para que queden muy contentos. Las camas son un tema importante que no debemos dejar pasar por alto, es importante saber que no nos vamos a tener que quejar varias veces en recepción porque somos incapaces de pegar ojo, hay gente a las que les han tenido que cambiar el colchón porque su mal estado ha hecho que hasta se hundan justo al meterse en la cama, por lo que se convierte en una búsqueda complicada si lo que queremos es descansar como Dios manda.

Una de dos o nos aguantamos esos días, o elegimos un hotel un poco mejor en el que por lo menos sepamos que trabajan con empresas de calidad como resuntex, en el que veamos que las camas son cuidadas como se debe, que cuenten con protectores de cama y que nos aseguremos al cien por cien de que se trata de camas de las que no nos vamos a querer levantar en todo el día.

Qué hacer cuando se tienen problemas económicos

Muchas veces nos encontramos con unos problemas económicos a los que no podemos enfrentarnos, muchas veces no conseguimos hacernos cargo de todos los gastos que nos inundan, mes a mes, gastos que  parecen no acabarse, facturas que vamos arrastrando y que van engordando la lista de cosas por pagar. Muchas familias pasan por estos apuros todos los meses, por encontrarse en desempleo o por que el trabajo que tienen no está muy bien remunerado. Sea cual sea el motivo, muchas personas lo pasan muy mal para llegar a fin de mes.

No todo se puede solucionar, no todos los casos son iguales pero si es cierto que muchos de ellos se pueden solucionar solicitando algunos créditos rápidos que nos permitan salir del mal trago que estamos pasando. Seguro que todos hemos oído decir eso de “que mal repartido esta el mundo´´ “unos con tanto y otros con tampoco´´ y la verdad es que en ocasiones es cierto, hay personas con mucho y personas sin nada, hay personas que han trabajado mucho y muy duro para tener lo que tienen  y otras solo han tenido que nacer en la cuna en la que han nacido.

La verdad es que en ocasiones la fuerza de voluntad hade que salgamos a delante de todas las adversidades que se nos presentan en la vida, a veces con un poco de empelo podemos conseguir lo que no propongamos y eso nos permite darnos un respiro económicamente hablando, solo hay que proponerse mejorar y un cambio de actitud para que todo vaya mejor. No quiero decir que sonriendo y mirando la cosas desde otro punto de vista las cosas vayan a mejorar, pero si digo que la vida puede ser más placentera si nos encargamos de que las cosas vayan mejor, si somos capaces de conciliar la vida laboral con la familiar, si somos capaces de vivir con un poco menos para poder disponer de un dinero que nos vendrá muy bien en otras ocasiones y si somos capaces d afrontar los problemas tal y como llegan y darles la solución acertada en cada ocasión.

Podemos salir adelante, con la ayuda de los créditos rápidos podemos salir del bache airoso y gracias a las comodidades de pago podemos hacer frente a las mensualidades para devolverlo poco a poco, sin agobios, solo con la garantía de poder devolverlo.

Comprar lo que merece la pena

Siempre que realizamos una compra, sea cual sea, intentamos que sea una compra realmente necesaria, intentamos  no malgastar el dinero en cosas que no hacen falta, en cosas que son totalmente prescindibles, sobre todo en estas fechas en las que el consumismo se dispara y todos quieren comprar por comprar. Esta práctica es muy común en rebajas y en Navidades, no obstante están son las fechas en las que más dinero se gasta en las familias, algunas veces son gastos sin ton ni son, gastos de los que podemos pasar y unos euros que nos podemos ahorrar. También es cierto que muchas familias esperan a esas temporadas para poder hacer las compras de las cosas que van haciendo falta sin gastar más por ello.

Si por ejemplo necesitas una maquina destructora papel porque en casa acumuláis muchos documentos que deben de ser destruidos, lo mejor es comprarla en esta fechas, o en rebajas en las que puedes encontrar un cierto descuento, o en navidades que puedes encontrar alguna promoción o alguna máquina del año que se esta acabando y que lo que pretende el vendedor es quitársela d en medio. No es un mal plan, muchos negocios sacan en navidad el material que no han vendido durante el año y lo ponen a un precio más bajo, solo para poder tener hueco en el almacén para la próxima remesa, para los artículos del próximo año.

Esta muy bien poder aprovecharse de estas ofertas, lo suelen hacer con los muebles, los electrodomésticos, los artículos de tecnología… incluso en las zapaterías y en las tiendas de ropa y complementos, estas no quieren quedarse con material de la temporada pasada, nadie quiere tener el almacén lleno de zapatos de esta temporada cuando está a punto de terminar, es por esto que los venden más barato, algunos incluso hacen promociones de dos por uno o hacen descuentos de hasta el setenta por ciento, con promociones así es sencillo que se los quiten de las manos y que nosotros vayamos a comprarlos.

El consumismo nos lleva a comprar a veces cosas que no necesitamos aunque nos convencemos de que como es tan barato lo guardamos para cuando nos haga falta, así podemos tener de todo sin gastar una fortuna, aunque lo tengamos en otra temporada, que tal y como van las cosas poco va a importar ya que mezclamos temporadas a nuestro antojo.

El eterno tema de las amonestaciones

El que escribe es el menos indicado para entrar en esta polémica… pues terminó sus estudios secundarios sin amonestaciones. No recibí entonces ninguna medalla; hoy, tal vez, sería tratado de neurótico o de sumiso por algunos psicólogos y de marciano por los alumnos. Aun así, y sin complejo, creo poder decir algo.

Sirva el introito precedente para señalar que vivimos en una sociedad anómica donde todo vale (da lo mismo) porque nada empero es considerado valioso. El profeta Discépolo hablaba de “lo mismo da un burro que un gran profesor “. Desatada la polémica por las amonestaciones, sospecho que nadie en la práctica creía en ellas. Allí está el padre que las firma y da un sermón de forma y poco convincente o el que se solidariza en actitud cómplice o el que se muestra indiferente o el que sugiere que hay que aguantarse la escuela secundaria para luego ir a trabajar o a estudiar en serio en la universidad.

Y allí están también el profesor que las pone para luego levantarlas o la superioridad (“los de arriba,sabe”) que demagógicamente con írsele de las manos, ante la falta de recursos de conducción, se aferra a ellas (no pone tres, pone de a diez). Luego viene la protesta de los alumnos, la aparición de algún líder que hace sus primeras armas gremiales o políticas…y las amonestaciones terminan levantándose. ¿Qué son entonces? Un juego entre docentes, alumnos y padres (Alboroto) que se puede alcanzar a las autoridades y a los políticos (Tribunales).

Restan empero muchos interrogantes: ¿No se trasladará ese clima de anomia a los consejos de convivencia terminando éstos por poner reglas laxas? ¿Entrarán ellos también en un juego?

Creo que el problema no son las amonestaciones, el tema es otro. Me parece que los ediles, politizados como están y a la búsqueda de votos, erraron el blanco; el tema no son las amonestaciones sino la disciplina escolar. Atacaron las consecuencias, eludieron el problema.

A éste lo trasladaron olímpicamente a los consejos de convivencia (¿Por qué no Consejos con “c”? ) y éstos tendrán que enfrentar a su vez otro más profundo…el problema de los límites. ¿Quién debe ponerlos? ¿Cómo debe ponerlos? ¿Qué límites poner? Hay límites útiles e inútiles. Poner límites útiles es un acto de amor, es querer y cuidar. Es de Perseguidor poner límites inútiles. Quitar límites inútiles es un acto psicoterapéutico, quitar los útiles, un acto demagógico, se paga caro y a largo plazo. Poner límites útiles o quitar los inútiles suponen el ejercito de la paternidad y de la autoridad bien entendidas, requieren una cuota de firmeza y coherencia entre las palabras y la conducta personal.

Hay límites naturales en los que no se puede transigir: no robar, no mentir, no agredir, etc. Le han dado patadas en la cabeza a una profesora y dentro de la escuela. ¿Saben qué pasó? !Nada! Ni los dirigentes gremiales protestaron.

Estamos tocando fondo

¿Los consejos de convivencia los pondrán o encontrarán los más variados argumentos para dosificarlos o justificar sus excepciones para qué un consejo de convivencia?

Es obra de las familia que el alumno concurra a la escuela con los límites naturales incorporados a su vida y corresponde a ésta afianzarlos. Lo que natura (la familia) non da, Salamanca (la escuela) non presta…

Por eso digo que estamos tocando, porque aquí reside el origen del problema.

Algunos ensayos

Dentro de los ensayos para paliar los problemas disciplinarios de la escuela, mucho más notables en la secundaria por tener que lidiar desde la edad del pavo a la de la rebelión juvenil, se encuentran los consejos de convivencia.

Reconozcamos que no es algo nuevo, que ya existen desde hace tiempo y que algunas experiencias son exitosas; pero como experiencia de conjunto no ha sido evaluada. Los Consejos de Escuela (nuevamente por qué no consejo con “c”) creados en la provincia de Buenos Aires tuvieron corta vida. Los aportes del denominado Proyecto 13 tampoco fueron evaluados y no sé ahora por dónde deambulan.

El proyecto 13 hablaba ya de un asesor pedagógico, de una departamentalización, de concentrar horas docentes para que éstos dejen de correr entre escuelas y se dediquen a una, conociendo mejor a sus alumnos, y también de un régimen de convivencia y de un consejero de curso, hoy llamado tutor. La disciplina requiere un contexto y no es un componente aislable curricular donde tantos roles se desempeñan.

He dado cursos sobre tutorías y he encontrado allí numerosos celadores que los siguen, quieren afianzar su rol, a veces limitado a lo burocrático. De todo modos esto indica su escasa preparación y la necesidad de un perfeccionamiento mayor. El celador y el docente deben ser entrenados -ése es el término- en las nuevas técnicas de comunicación: programación neurolingüística, MET de T. Gordon, técnicas de parafraseo para consulta y consejo, técnicas para retar, etc.

Por imitación de lo que ocurre en el ámbito judicial se habla de formar docentes mediadores. Cuando se llega a una mediación es porque algo ha ocurrido y lo que queremos en educación es que no ocurra. Más vale prevenir que curar. Con todo, puede ser útil, siempre hay temas pendientes en la escuela.

Pero hay algo que poner límites; frente a la anomia, donde todo da lo mismo, hay que poner sentido. Los jóvenes experimentan un profundo vacío existencial, no encuentran un sentido para las cosas y los docentes, más que un rol de transmisores de información, deben ser motivadores y dadores de sentido. Deben descubrirles el mundo de los valores. Para ello requieren coherencia y compromiso con los valores propios que los animan.

Esto demanda de docentes y directivos un nuevo tipo de liderazgo, capaz de llegar más allá de las conductas, a los corazones. Capaz de convocarlos a los grandes desafíos. Sangre, sudor y lágrimas, prometió Winston Churchill en vísperas de la Batalla de Inglaterra. San Martín, tan poco citado en nuestra época, sostuvo que para los hombres de coraje se hicieron los grandes empresas.

Désele a los jóvenes desafíos, sométaselos a exigencias y ellos responderán. No hay que buscar la disciplina per-se, propio del clima dictactorial, ella surgirá de la actividad y del compromiso. Lo contrario, la rutina escolar, la abulia y la demagogia, han arrumbado los alumnos en los umbrales de las escuelas, fumando e incluso tomando. Pareciera que se resisten a entrar y que la escuela, a su vez, no se atreve a tenerlos.

La falta de sentido, la indiferencia consecuente, el grado de corrupción y del delito que oscurecen el país -nuestra sombra diría Carl G. Jung-, ha llevado a un conjunto de rabinos, pastores y sacerdotes cordobeses a proponer mancomunadamente una enseñanza de la moral elemental. Al tocar fondo confluyeron entre sí el viejo pueblo de la Ley, quienes veneran al Libro y la Palabra y la Iglesia…Conocer los mandamientos no le hará mal a nadie. Al menos “No mentir”, “No robar”, “Honra a tu padre y a tu madre”.

¿Qué se puede hacer con Internet?

¿Qué se puede hacer con Internet? Casi todo lo que puedas imaginar si en tu proyecto ideas un eficiente sistema de información que permita la comunicación de todos los usuarios para provocar su participación en el desarrollo, gestión y mantenimiento del propio proyecto. En otras palabras, no funcionarán ni los negocios en Internet, ni el comercio electrónico, ni las publicaciones digitales, ni el teletrabajo, ni la telemedicina, si en su estrategia empresarial no tienen previsto montar un espacio de comunicación en red. A partir de la participación de los usuarios, en función de unos objetivos, se logrará a través de la interacción gestionar el conocimiento de cada persona y sacar el mejor partido del capital intelectual colectivo. ¿Ejemplos? Muchos. Desde el diseño de una aeronave hasta la puesta en común de los problemas y soluciones de los socios de la federación de las asociaciones de padres de alumnos.

¿Cómo? Diseñar y gestionar un espacio de comunicación para reconducir las aportaciones de los usuarios específicos del espacio, requiere de un equipo de gente formada, con un conocimiento amplio de una tecnología conceptual ideada para este fin. en.medi@ (cuyo nombre también se refiere a la tecnología conceptual) es el espacio de debate de en.red.ando. A lo largo de más de un año de experiencia hemos logrado desarrollar un espacio dónde mas de un millar de participantes reflexionan sobre aquellos temas que edita el medio en red en.red.ando. A partir de esta iniciativa hemos aprendido a analizar, experimentar y aprender colectivamente los temas más variados que emergen en Internet, especialmente los del campo de la comunicación y la gestión de conocimiento.

¿Cuándo se decide una organización a montar un espacio de estas características? Cuando se observa la necesidad de comunicación interactiva entre los que conforman la empresa y/o sus clientes y proveedores. O, cuando un proyecto de nueva envergadura está basado en Internet.

Y… ¿por qué le explicamos todo esto? Simplemente porque observamos que vivimos en un ambiente en el que se habla mucho de Internet, de negocios, de comercio electrónico, de gestión de conocimiento, pero no se habla del “cómo” afrontar el día a día en todos estos aspectos.

Cuando no se respeta la dignidad de la persona

El otorgamiento de licencias extraordinarias por enfermedad en el sistema educativo ha sido tema de controversias desde tiempos casi inmemoriales. El Estatuto del Docente, que establece esos beneficios, estuvo más de una vez a punto de ser modificado, en ocasiones como moneda de canje o condición para conceder otros logros.

Por eso, la aprobación oficial de dichas licencias extraordinarias se encuentra bajo la lupa de innumerables funcionarios y especialistas. Pero esa lupa, a través de la cual esos inexpertos vienen creyendo desde antaño que lograrán la transparencia, la justicia y la eficiencia, no alcanza para neutralizar la miopía crónica, y mucho menos para sortear la ineptitud. Tampoco sirve, tal como están instaurados los controles, para evitar la corrupción o la mala fe.

Para comenzar a entender, sería mucho mejor que, al menos por un día, dejaran la lupa y los asientos cómodos de sus despachos con aire acondicionado. Convendría que se sacrificaran siquiera una vez acompañando a un paciente bajo licencia médica extraordinaria. La “Junta Médica” (?) los cita cada mes (sí; ha leído bien: cada mes), cualquiera sea la gravedad de su dolencia, para que la estructura burocrática, enfermiza y equívocamente “justiciera”, le garantice al Estado Republicano y Democrático y al pueblo sufrido, que dicho paciente, efectivamente, está enfermo.

Corrupción y abuso, hay y habrá

No vamos a negar que la corrupción es un virus que bien puede atacar aquí también. Si contagia a ocupantes de cargos electivos (ciudadanos elegidos y pagados por el pueblo), a políticos y a gremialistas, ¿por qué no habría de infectar de vez en cuando a uno que otro docente ávido de unos inmerecidos días de descanso? Pero también hay docentes -y son la mayoría de los que se ven obligados a gestionar licencias- que están enfermos de verdad. Y entonces, como ocurre siempre, pagan justos por pecadores, como se verá. Y no será ésa la estrategia para evitar licencias mal habidas.

Nada mejor que relatar un caso concreto. Se trata de una docente que ejerce en un establecimiento educativo de la provincia de Buenos Aires, cuyos demás datos no se revelan, ni se revelarán, por el respeto que merece la privacidad y la dignidad de toda persona humana. Respeto y dignidad que el aparato burocrático jamás supo tener en cuenta.

En junio de 2000, uno de los equipos médicos más reconocidos del país le diagnosticó a esta persona una “metástasis ósea de adenocarcinoma mamario”. Para llegar a tal conclusión, tras largos y penosos estudios de todo tipo y carácter, fue sometida a una biopsia de hueso. Luego se le extirpó el tumor maligno y comenzó el tratamiento oncológico (quimioterapia, etc.) determinado por los especialistas. Al poco tiempo, tuvo que sorportar otra intervención quirúrgica para colocarle una prótesis en el fémur de la pierna izquierda, con el fin de que no perdiera la posibilidad de caminar normalmente.

El origen de la Cruz Roja

Esta entidad de socorro médico es una filial de la Cruz Roja Internacional, constituida a raíz de los trabajos del filántropo suizo Juan Enrique Dunant. Durante la guerra de Crimea, Dunant fue testigo de la obra de bien que realizaba la notable enfermera Florence Nightingale, y concibió la idea de mejorar los servicios de asistencia a los heridos en el campo de batalla.

En la guerra de Italia (1859), su proyecto tomó forma, y en el Congreso de Ginebra de 1864 quedó fundada la Cruz Roja Internacional. A través de todas sus filiales en todas partes del mundo, esta institución ha extendido su campo de actividades interviniendo en casos de catástrofes públicas (terremotos, epidemias, incendios, inundaciones, etc.).

Por las nobles características de su obra, que no reconoce fronteras étnicas ni ideológicas, la Cruz Roja merece el reconocimiento y la adhesión de toda la humanidad.

Hay personas que no pueden vivir si no es haciendo el bien. Su vida es un perpetuo sacrificio. Gracias a ellas la humanidad no pierde las esperanzas de que, alguna vez, todos los hombres puedan vivir en armonía y en paz. Florencia Nightingale (1828-1910) pertenecía a esa estirpe de seres.

Era una muchacha inglesa que tuvo la valentía, para su épca, de pensar en la independencia de la mujer. Quiso hacerse enfermera y lo logró, a pesar de todos los contratiempos que tuvo que soportar. Durante la guerra de Crimea (1854-1856) reunió a treinta y ocho mujeres que sabían algo de enfermería práctica y desarrolló una tarea gigantesca atendiendo a los heridos. Por la noche recorría, con una lámpara en la mano, las salas donde yacían los soldados. Esa lámpara se convirtió en su emblema.

Después, gracias a su tenacidad, fundó una escuela de enfermeras. Su obra dio origen a una reforma humanitaria de excepcional trascendencia: La fundación de la Cruz Roja. Esta se debió a Enrique Dunant (1828-1910), quien horrorizado al ver cómo los heridos que quedaban en los campos de batalla no recibían atención alguna, pensó en la creación de una institución que protegiese sus vidas.

En 1863 catorce naciones se reunieron en Ginebra y resolvieron que el herido, el médico, y la enfermera serían considerados, en adelante, como neutrales y que el hospital sería un santuario. Se eligió un emblema: La bandera suiza con los colores invertidos: Cruz Roja sobre campo blanco.

Donde quiera que veamos una enfermera de la Cruz Roja, no nos olvidemos que ella también, como la heroica Florencia Nightingale, “lleva su lámpara”.

El libro, fiel amigo silencioso

Se dedica este día al libro, fiel amigo silencioso, aunque lleno de palabras; compañero en el triunfo, consuelo seguro en la derrota, encauzador de vocaciones, mano siempre tendida…

Así lo celebró Amado Nervo en su poema “Libros”: “Libros, urnas de ideas. Libros, arcas de ensueños. Cofres místicos que custodiáis el pensamiento humano. Nidos trémulos de alas poderosas, audaces e invisibles. Atmósfera del alma, intimidad celeste y escondida de los altos espíritus”.

No se concibe la cultura de la humanidad sino como un proceso continuo en la que una generación recibe y acrecienta la herencia espiritual de la que precedió. Esa tarea de unir la cultura de una generación con la de la que la sigue, es la trascendente tarea del libro. Si la historia nace con la invención de la escritura, está dicho también que nace con el libro. A través de las edades, el libro sufrió evoluciones lentas pero constantes.

Desde la tablilla de arcilla de los caldeos y los pergaminos y papiros de otros pueblos de la antigüedad, al libro, a la revista o al periódico actuales, ya sea distribuidos sobre el soporte electrónico o el papel, se ha operado una evolución tal, que no existe entre ellos otra similitud que la función que cumplen.

Pensamientos

Un proverbio hindú dice: “Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado un amigo que espera, olvidado un alma que perdona, destruido, un corazón que llora…”

Hablando de los libros han dicho: Avellaneda: “Leamos para ser mejores”. Balmes: “En la lectura debe de cuidarse dos cosas, escoger bien los libros y leerlos bien”.

Lytton: “Para la ciencia prefiere los libros más recientes, para las letras los más antiguos”.

E. de Amicis: “El destino de muchos hombres dependió de haber existido o no una biblioteca en su casa paterna”. Descartes: “La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados”.

Vives: “Si lees y oyes, hazlo atentamente si no queres perder tu tiempo y tu trabajo”.

Faguet: “Para aprender a leer, lo primero que debe hacerse es leer muy lentamente. Después volver a leer con la misma lentitud. Y así siempre, con todos los libros que tengan el honor de caer en vuestras manos y bajo vuestros ojos”.

Sarmiento: “El segundo libro que leí fue la “Vida de Franklin”. Y libro alguno me ha hecho más bien que éste. Yo me sentía Franklin. Y por qué no. Era yo pobrísimo como él y, dándome mañas y siguiendo sus huellas podía un día llegar a formarme como él, y hacerme un lugar en las letras y en la política americana”.

La televisión y la salud de los chicos

Los pequeños que miran más televisión son más propensos a sufrir lesiones, posiblemente porque imitan las irreales acciones vistas en la pantalla, dijo un grupo de investigadores españoles.

En el estudio efectuado entre octubre de 1995 y junio de 1996, los padres de 221 niños ingresados en la sala pediátrica del hospital Santa Ana en Motril, España, respondieron a cuestionarios sobre los hábitos familiares relativos al uso de la televisión. Los investigadores determinaron que los niños que miraban más televisión tenían más posibilidades de sufrir algún tipo de lesiones que aquellos que no veían televisión.

El estudio estableció que el riesgo de lesiones aumentó en un 34 por ciento por cada hora viendo televisión. “Paradójicamente, un niño que pasa más tiempo mirando televisión y dedica menos horas a actividades físicas y juegos potencialmente más peligrosos, tiene un riesgo mayor de experimentar accidentes que produzcan lesiones físicas”, escribió el autor del estudio, José Uberos Fernández.

La reseña, publicada en la revista estadounidense Archivos de Pediatría y Medicina del Adolescente, agrega: “Creemos que la representación de una realidad distorsionada en la pantalla del televisor, que el niño percibe como real, podría ayudar a explicar los resultados”. La influencia de la violencia en la televisión en los niños y sociedad en general se debate con frecuencia y los autores señalaron que expertos en el desarrollo infantil recomendaron que los padres participen en la selección de los programas que miran sus hijos.

“No cabe duda de que el efecto de la televisión sobre los espectadores se relaciona directamente con la cantidad de horas que pasan diariamente frente a ella y el contenido de los programas que ven”, dice el estudio.

Según algunos estimados, un niño promedio de la actualidad habría pasado entre siete y 10 años mirando televisión cuando cumpla los 70 años.

Entre la permisividad y el autoritarismo

Lynn Kivi estaba haciendo las compras en Woostock, cerca de Atlanta, cuando su hijo Chuck, de 9 años, empezó a molestar a su hermana. La madre puso fin a esa actitud con una cachetada.

A la salida del supermercado, la mujer fue detenida por un policía que había sido informado del episodio y obtuvo la libertad condicional después de que su marido pagara una caución de 22.000 dólares bajo la acusación de “crueldad hacia los menores”, por haber infligido a su hijo “excesivo dolor físico y mental”. Ahora corre el riesgo de ser condenada, de acuerdo con la ley de Georgia, Estados Unidos, a 20 años de cárcel.

Chuck, a su turno, declaró: “Cuando soy malo me dan una cachetada”. Con esas pocas palabras logró que la acusación contra su madre se agravara, pues la supuesta conducta delictiva se mostraba reiterada.

Los despachos de las agencias informativas son fríos y escuetos, a veces, como éste que comentamos, pero esa exigüidad verbal no impide que nos dejen, con la noticia inesperada, un tema propicio, como pocos, para el análisis. El resaltador, manejado casi intuitivamente en busca de la síntesis, ha señalado dos datos: 20 años de cárcel por una cachetada.

Cualquier lector interesado en temas de educación se queda con una verdadera andanada de preguntas que no tiene a quién hacerle. Quisiéramos conocer detalles, antecedentes, perfiles de esa familia, pero el policía que detuvo a Lynn tampoco los tenía. Se espera que los averigüe el juez antes de dejar a Chuck sin cachetadas… y sin mamá.

Con la inquietud despierta, la búsqueda se detiene en otro caso: Eva Wilkenson fue condenada a cien días de prisión por un tribunal de Virginia del Oeste, debido a que su hija, de ocho años, “acumuló 59 ausencias sin carta de excusa”. En otras palabras, faltaba a la escuela sin que su familia hubiera tomado conocimiento y actuado en consecuencia.

Mientras salta a la vista que la señora Wilkenson tampoco tendrá posibilidades, durante los cien días que durará la condena, de controlar la conducta de su pequeña, el resaltador se mueve otra vez casi mecánicamente: cien días de prisión por no estar enterada de las rabonas de su hija.

Enfrentadas, las dos noticias se parecen en cuanto dan testimonio de la severidad legislativa que afrontan las madres y los padres en algunos estados norteamericanos. Difieren al mostrar, en un caso, castigo para quien supuestamente se excedió y, en el otro, penalidades para quien se presume culpable por defecto o negligencia.

Es fácil imaginar que los padres, encorsetados por leyes que regulan de tal manera su actitud ante los hijos, pueden experimentar frente a ellos más desorientación y angustia que la inspiración y el conocimiento necesario para encontrar respuestas adecuadas a cada situación.

Instintivamente, uno se siente inclinado a dejar de lado el análisis de las leyes norteamericanas, que en este caso son la bandeja en la que acaban de servirnos un interminable menú de reflexiones. No vale tanto la pena detenernos a juzgar la conveniencia de estas previsiones legales sin preguntarnos primero, una y otra vez, cuál es la postura que debe adoptar el padre, la madre, el maestro, el educador, cuando la conducta de los chicos no es la esperada. Así vuelve a plantearse un tema crucial para la educación, tanto en el hogar como en la escuela; un delicado asunto que, dentro y fuera del aula, se convierte en el eje y condicionante de todos los aprendizajes.

Respecto de la convivencia en la escuela (término que ha reemplazado casi por snobismo a disciplina), lo más útil que se puede decir es que muchos docentes y numerosas escuelas saben atenderlo sin caer en los fáciles extremos que son la permisividad y el antiguo autoritarismo escolar. Esa materia requiere cualidades que no se adquieren obligatoriamente al seguir un curso de perfeccionamiento ni por haber alcanzado un título habilitante.

Claro que no. Entre la permisividad y el autoritarismo hay un ancho caudal de recursos que se encuentran en el estudio de la psicología pedagógica, tan necesaria para los maestros como para los padres, pero que no pueden aplicarse sin la posesión de un sano equilibrio por parte de quien ejerce la autoridad.

Indiscutiblemente, los chicos, como los adultos, necesitan límites. Pero aquí no se trata de fijar cuáles son sino de decidir cómo actuar cuando aquéllos han sido traspuestos. Desde la época del látigo, la palmeta y el bonete de burro ha pasado mucho tiempo. Gracias a la psicopedagogía, “la letra con sangre entra” dejó de ser un axioma válido en nuestra época. Pero no puede ser reemplazado por otro que garantice los despropósitos de la anarquía.

“¿Cómo cultivar el corazón y la voluntad de un chico -se preguntaba Aníbal Villaverde en un recordado manual para estudiantes de la escuela normal- ignorando la intimidad de sus sentimientos y desconociendo la naturaleza de su carácter?”.

Y nos encontramos otra vez con las frases resaltadas en los dos despachos noticiosos iniciales, al pensar que, tanto los padres como los maestros, cerca o lejos de las leyes de Georgia o de Virginia, encuentran una prisión más temible que la cárcel cuando su ignorancia les hace pensar que la violencia es el remedio, o cuando la debilidad de su carácter desdibuja la imagen del modelo que se espera.